16/7/10

Sueños de lana

A mi me enseñaron a andar en bicicleta, hacer germinadores, atarme los cordones y a comer con la boca cerrada. Pero nadie me enseño a dormir cuando tenía ganas de dormir. Nunca me funcionó eso de ponerme a contar ovejas. Y eso que lo intenté miles de veces. Probé con las blancas y también con negras y marrones. Hasta me animé con otras de colores inventados por mí, total todo era sueño. Pero un día se aburrieron de que las usen siempre para lo mismo. Entonces se negaban a aparecer o te pedían alguna remuneración a cambio.

Con corderitos también lo intenté, pero siempre les costaba saltar esa valla de madera. Entonces me tenía que tomar el trabajo (como si uno no estuviera cansado a esa hora) de bajarla un poco a ver si así podían. No había caso: se caían igual los pobres.

He recibido reproches y cartas de ovejas madres, acusándome de desconsiderado. Hubo noches de desesperación que me animé a contar ovejas esquiladas, pero son tan feas así peladas que me daba miedo quedarme dormido y tener pesadillas. También las conté en otros países. Pero cada vez que empezaba a enumerar en otro idioma me perdía y ahí se quedaban, mirándome con esa cara de, esperando que yo avanzara hasta que se aburrían y se iban a otro sueño.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ge-nial!una noche habria que intentar contarlas en forma regresiva, una blanca, una negra, otra de color y en distintos idiomas...
Cote

jordim dijo...

dormir puede convertirse en una batalla épica.